Sin garantía
El corazón es una metáfora que tiene la siniestra capacidad de convertirse en órgano. Uno entrega su corazón, lo pierde, habla con él en la mano (qué asco) o deja que se lo partan mucho antes que la cara, pero eso es porque normalmente no lo percibe como algo real.
Un corazón empieza a existir cuando se infarta o cuando nos sube la tensión o cuando nos dicen que tenemos el colesterol por las nubes. Sólo entonces le salen aurículas, ventrículos, aortas y otras ramificaciones sanguinolentas que a nadie se le ocurriría rellenar de bombones. Continuar leyendo ‘Metáforas’

Cosas que me habéis dicho…