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A buenas horas…

El día en que despidieron a Seamus Greensleeve por lucir una cresta verde en la coronilla, la BFWAU, el impronunciable sindicato irlandés de trabajadores de la alimentación, se puso las pilas inmediatamente. Enviaron una delegación a las oficinas centrales de los supermercados Supergwyn: unos diez tipos armados con pancartas y altavoces que dieron la lata en el porche durante tres días consecutivos. Los encabezaba Brian O’Connell, veterano cajero-reponedor y compañero de fatigas de Seamus en el establecimiento de Lennox Street. Seguir leyendo ‘A buenas horas…’

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¿Adónde van los patos?

La culpa la tienen las monitoras del comedor, por llevarla de excursión al parque de los patos. Me explico: mis padres aún llaman Calvo Sotelo a la plaza Francesc Macià, o Infanta Carlota a la avenida Josep Tarradellas. No lo hacen por maldad, ni siquiera por militancia, sino por pura inercia. Del mismo modo, en mi pueblo hay un parque con estanque donde quince años atrás chapoteaba una familia de patos. Nadie le ha cambiado el nombre, y claro, lo primero que hicieron los niños al llegar fue preguntar por qué no había patos en el parque de los patos.

La respuesta dejó a Nerea sobrecogida. Seguir leyendo ‘¿Adónde van los patos?’

El último autobús

El autobús es tan pequeño que mi abuela se habría negado a subir. Doña Gerar inventó la clase business mucho antes de que a nadie le hiciera falta. Era capaz de pagar dos y hasta tres billetes con tal de tener una hilera de asientos para ella sola, y los usaba todos a la vez. Se tumbaba de través, se aferraba al bolso y dedicaba el trayecto a marearse concienzudamente en cada curva, por más biodraminas que llevara en el cuerpo.

Mi abuela no le veía sentido a cambiar de lugar cuando ya se ha encontrado uno razonablemente cómodo. Para ver mundo ya tenía la tele. Y yo, que crecí creyéndome nómada, me he ido volviendo plantita. Lanzo una raíz aquí y otra allá como Spiderman sus telarañas: para no caerme, para no saltar sin red. No salgo de casa sin móvil, jamás voy a ninguna parte de donde no sepa volver. Seguir leyendo ‘El último autobús’

Ana y Mia, princesas de porcelana

Como todas las niñas del parvulario, Ana y Mia querían ser princesas. En realidad ya lo eran. Les gustaban las cosas bellas y delicadas: mariposas, zapatos de cristal, cajas de música, bolis de purpurina.

Pasaron los cursos. Sus compañeras cambiaron. Hablaban de dedicarse a otras cosas: peluquera, contable, doctora, periodista… pero Ana y Mia lo tenían claro. Habían nacido para princesas y no iban a conformarse con menos. ¿Qué puede haber mejor que ser la Blancanieves del espejo, la chica a la que todo el mundo adora, desde los gorriones hasta los conejos?, pensaban. Seguir leyendo ‘Ana y Mia, princesas de porcelana’

No se ruega confirmación

Mis amigos, los de verdad, son rarezas de coleccionista, especímenes únicos que he ido recogiendo de aquí y de allá a lo largo de los años. Siempre aparecen cuando creo que ya no descubriré ni uno más, así que me pillan desprevenida. Allí estoy yo, tan tranquila, dejándome arrullar por la cháchara inofensiva de la mayoría, cuando de pronto una voz distinta me arranca la modorra y me vuelve toda oídos. Se parece mucho a enamorarse.

Todos son hallazgos, aunque algunos no lo sepan. Yo soy mala arqueóloga y no siempre los preservo bien del tiempo y la distancia. Olvido sus cumpleaños, desaparezco de sus vidas durante meses y a veces, cuando quiero volver, ya es demasiado tarde. Alguno se me ha perdido, pero el resto me perdona: unos porque también viven en su propio espacio-tiempo y otros porque son buena gente, sin más. Seguir leyendo ‘No se ruega confirmación’

Metáforas

 

 

Sin garantía

El corazón es una metáfora que tiene la siniestra capacidad de convertirse en órgano. Uno entrega su corazón, lo pierde, habla con él en la mano (qué asco) o deja que se lo partan mucho antes que la cara, pero eso es porque normalmente no lo percibe como algo real.

Un corazón empieza a existir cuando se infarta o cuando nos sube la tensión o cuando nos dicen que tenemos el colesterol por las nubes. Sólo entonces le salen aurículas, ventrículos, aortas y otras ramificaciones sanguinolentas que a nadie se le ocurriría rellenar de bombones. Seguir leyendo ‘Metáforas’

Vacunas

Hace ya meses que Nerea cumplió los cuatro años y le toca pasar la ITV. Un día antes, para que se vaya mentalizando, le cuento que iremos al pediatra y que le van a poner dos vacunas. Se niega en redondo.

– A Arnau le pusieron un día y dijo que era una merda.

Su primo de diez años soporta como un héroe los jeringuillazos que le clavan cada mes para prevenir las alergias, pero luego se desfoga a tacos, como los adultos. Seguir leyendo ‘Vacunas’


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